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Las pirámides son el símbolo por excelencia de la cultura
del país del Nilo.
A pesar de las investigaciones más actuales, existen multitud de
mitos en torno a ellas.
Esto es debido principalmente a la complejidad de sus construcciones,
ya que nos e trataban simplemente de edificios funerarios, sino que tenían
una gran carga simbólica, así como la infraestructura necesaria
para su construcción y mantenimiento, que incluye una tecnología
y unos medios muy avanzados para la época.
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Antes incluso del período dinástico aparecen ya ciertas tumbas
cuya parte visible estaba recubierta por un montículo de arena, símbolo
de la aparición del sol, del renacimiento a una nueva vida. El nacimiento
y el renacimiento se unen en uno solo. Lo que en un principio era solamente
una tumba pasa a ser también la morada del difunto, y por tanto, ha de
tener en su interior todo lo necesario para la subsistencia.
El concepto de la elevación hacia el sol, surge en
la Dinastía III, constituyendo toda una revolución, tanto
ideológica como arquitectónica.
En concreto, el segundo faraón de la Dinastía III, Netchervjet
encargó a un Sumo Sacerdote de Ra, Imhotep, que también era
arquitecto, la edificación de su tumba. Siguiendo la tradición,
Imhotep construye una mastaba. Pero, sin que se sepa bien la razón,
la transforma en una pirámide escalonada.
Es entonces cuando aparece por primera vez el concepto de "elevación".
La pirámide pasa a ser una escalera por la que el rey asciende al
cielo. |
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Es en este momento cuando confluyen las dos concepciones del más allá:
la tradicional, o subterránea, y la que sube hacia lo celestial,
Al poco tiempo, la pirámide pasa a ser la representación de la
comunión del faraón con la divinidad.
La importancia de Imhotep y de Netchrvjet no sólo radica
en sus nuevas concepciones religiosas, sino en el nuevo uso que dan a la piedra
en la arquitectura.
A partir de Snefru, primer faraón de la Dinastía IV, tiene comienzo
la búsqueda para la construcción de pirámides geométricamente
perfectas. Se deja de lado la forma escalonada y se da paso a la pirámide
de caras lisas.
En este momento también se empieza con la edificación de los complejos
funerarios que caracterizarán al Reino Antiguo, compuestos por
una estructura piramidal básica, varias pirámides "secundarias"
y dos templos unidos por una avenida.
Este afán por conseguir la perfección de la forma piramidal lo
podemos encontrar en la construcción de las dos pirámides de Dashur,
conocidas como romboidal y roja.
En la primera, "El Brillo del Sur", se tuvo que corregir
el excesivo ángulo de inclinación inicial, suavizándolo
posteriormente para evitar un posible hundimiento.
Esto llevó a Snefru a construir edificar una nueva pirámide, la
roja, o "Pirámide Reluciente", en la que ya
se consigue una notable perfección arquitectónica.
La mayor plenitud de formas y proporciones en las pirámides se alcanzó
bajo el reinado del hijo de Snefru, Jufu (Keops).
En la meseta de Guiza, un poco más al norte de Dashur, se construyó
la pirámide más grande conocida, "El Horizonte de
Jufu", que sentó las bases para las que se levantarían
posteriormente, tanto por las técnicas empleadas como por la perfección
de sus formas, y que su hijo Jafra (Kefrén) reproduciría para
sí mismo aunque con un tamaño algo menor.
A partir de entonces, las dimensiones de las pirámides se reducen notablemente,
sin conocer exactamente la causa.
Durante la Dinastía V surgen dos importantes elementos, la construcción
de un templo solar dentro de la necrópolis y la inclusión de textos
funerarios en la cámara funeraria.
El uso de la pirámide como lugar de enterramiento se siguió utilizando
con posterioridad. En las Dinastías XII y XIII se continuaban realizando
este tipo de tumbas, aunque debido al uso de abobes y simples cascotes de piedra
para la construcción del núcleo y al hecho de haber sido reutilizados
varias veces, además de los saqueos sufridos, los restos que permanecen
no son de gran espectacularidad.
Los monarcas de la Dinastía XVII fueron los últimos en utilizar
las pirámides como lugar de su última morada en la necrópolis
de Dra Abu el-Naga. Aunque no tenemos restos de ellas, se sabe que
eran de tamaño muy reducido, de unos 10 metros de lado aproximadamente.
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